Aspira primero el polvo suelto, luego pasa un paño de microfibra ligeramente humedecido con agua tibia y una gota de jabón neutro. Seca de inmediato. Evita aerosoles brillantes que dejan película pegajosa y atraen partículas. Revisa los puntos de manos frecuentes, como tiradores, para prevenir acumulaciones. Cada pocas semanas, nutre esquinas y cantos con una capa ultrafina de aceite compatible. Unos minutos constantes ahorran horas de restauración futura.
Para arañazos superficiales, un pulido con lana de acero muy fina y unas gotas de aceite igualan el tono. Las marcas de vaso se atenúan con paños tibios y tiempo, evitando calor directo. Las manchas grasas ceden ante bicarbonato con jabón suave, sin frotar agresivamente. Documenta cada intervención y usa la luz rasante para evaluar avances. Si algo no mejora, consulta y comparte fotos: la comunidad propone soluciones creativas y prudentes.